sábado, 9 de octubre de 2010

"Las personalidades múltiples de Pessoa" - POR César Boyd Brenis - DIARIO "LA INDUSTRIA" (14 DE JUNIO DE 2010)

El 13 de junio de 1888, se alumbró al mejor poeta que ha tenido Portugal en el siglo XX. Su verso posee una dinamita de razonamientos y conjuga silogismos e inferencias que ramifican la mente del lector.

Fernando Pessoa nació cinco veces el mismo día. Ingeniosamente, junto con él (y dentro de él) surgieron Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Alberto Caeiro y Bernardo Soares, todos ellos los distintos heterónimos de su variado espíritu.

Los heterónimos daban la idea de posicionamientos, de personalidades dentro de un solo cuerpo, y junto a todas esas variantes, existían distintos nombres, filosofías, estéticas y éticas.
La heteronimia de Pessoa está de acuerdo con una frase feliz que afirma: “sólo las grandes inteligencias se contradicen mucho”. En ese camino, el poeta desde muy niño fue creando personalidades que en sus juegos infantiles iban colocando la base para lo que sería su extraordinaria obra poética.

Sin embargo, el nacimiento de sus heterónimos lo dio concientemente en el transcurrir de sus años. Empezó a darles nombres, actividades laborales, gestos y ritos.

A los cinco años perdió a su padre. Su madre contrajo segundas nupcias con un cónsul de Sudáfrica, a donde se trasladó el poeta. Ahí aprendió el inglés como segunda lengua, lo cual le ayudaría más adelante a trabajar como traductor; oficio que le daba el tiempo suficiente para la escritura, la lectura y la bohemia.

Las personas cercanas a él, contaban de sus transformaciones súbitas de personalidad, que eran como el primer paso para escribir. Asumía el aura de un determinado heterónimo, y posteriormente, le daba un estilo, un espíritu, un sentido de la vida, y escribía. Tenía en sí un sistema caótico de personalidades que avalaban su creación.

Pessoa era un fingidor. Así lo representa en los versos: “El poeta es un fingidor. /Finge tan completamente /que hasta finge que es dolor /el dolor que en verdad siente”.

Sin embargo, sus versos geniales sin duda los hizo en el extraordinario poema “Tabaquería”, el cual pertenecía al heterónimo Álvaro de Campos. En esa obra maestra del estilo y el razonamiento, se explota el absurdo, el existencialismo más recalcitrante, la duda destinada a ser eterna, por ello dice: “Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad. /Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme, /y no tuviese otra fraternidad con las cosas /que una despedida”.
Todos sus heterónimos murieron con él en noviembre de 1935, sin embargo uno de ellos, Bernardo Soares (Pessoa lo llamó su semi-heterónimo), publicaría una obra póstuma: “El libro del desasosiego”. Según los expertos, es la mejor obra que se ha escrito en habla portuguesa.

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