jueves, 2 de febrero de 2017

"Tatta Torres: La magia de buscar el equilibrio" - Por: César Boyd Brenis - Diario La Industria de Trujillo (28/09/14)

En cuanto escuché por vez primera la voz de Tatta a través del teléfono de un buen amigo —embajador hace un tiempo—, pude captar el mensaje no verbal que transmitían sus palabras: la absoluta sinceridad. En aquel tiempo yo contaba con 19 años y el arte poético era para mí lo que para Tatta es la cultura entera: la máxima razón de vivir.  

Doce años después, en este 2014, el tiempo no ha cambiado constitutivamente. Aunque para la percepción de mucha gente este año está pasando tan rápido entre tanto trabajo y tensión. Pero no para Tatta. Para ella cada día transcurre como el último, como el más importante, como el más largo en la faena cultural de la revista y el rezo diurno/nocturno de agradecimiento; y su mirada al sol de cada día se muestra con una esperanza que no he conocido ni conoceré tal vez en mucho tiempo o quizá nunca.

Desde aquellas veces que escuchaba su nombre en muchas bocas, con una referencia de su personalidad, referencia llegada con un aura ostentosa aunque inexacta, pude recurrir a mi gallardía de joven buscador de vitrinas culturales y visitarla en su casa con un poema en la mano. En esa primera ocasión que me abrió la puerta de su domicilio y escuchó mi discurso cuasi convincente, gustosa aceptó abrirme un espacio en “Ahora y siempre”. Desde aquella vez mi mano no ha parado de escribir y de acompañar a la revista que le ha traído tantos frutos.  

Mi caso es similar al de muchos compañeros y colegas de las letras. Tatta Torres ha brindado oportunidades de publicación en una revista cultural que posee 14 años de circulación, y que con el tiempo ha ido modificando su formato y contenido, perfeccionándose en cada edición, mostrando un marcado espacio familiar en donde las sonrisas de las personas en las fotografías se revelan como la trasmisión de alegría, reflexión y moral que se pretende.

Esa línea que ha seguido Tatta desde que llegó a Chiclayo proveniente de Trujillo, ha marcado sus actividades artísticas que fueron fiestas de la palabra y la cultura, con auditorios rebosantes y activos, con una exquisita y formal manera de llevar el rumbo de las ceremonias que asumía, con  documentos oficiales de invitación y documentos de agradecimiento después del evento, con una proyección de respeto por todos los invitados y ponentes. Así fueron aquellos tiempos en que Tatta y su selecto equipo de apoyo lograron levantar una edificación sólida, que grupos posteriores pudieron seguir con una nueva tónica y estilo, con una nueva y eficaz identidad, y con el ejemplo de un antecedente feliz.

Desde que ella adoptó esta ciudad como una nueva patria, y cantó su himno con la camiseta chiclayana que le asentaba, y recorrió las calles respirando en ellas los nuevos aires que serían eternos, se rodeó de todas los personajes que alimentaban su sed incontrolable de escritura; de esa forma conoció a Nicanor de la Fuente, “Nixa”, y bebió de su alegría y de su experiencia, visitó su casa cada semana y compartió con el poeta sus secretos, sus proyectos y sus cuitas; como aquella vez cuando Tatta, triste por un suceso que la hirió, obtuvo la sabia respuesta del longevo vate: “A mí me han dicho todos los insultos posibles, pero todos los que me insultaron ya no están, y yo sigo siendo premiado por la vida. Levántate y anda”.

La búsqueda de personas interesantes fue para Tatta un oficio y una obligación en esta nueva patria que estaba conquistando, y eso no era extraño pues provenía de una familia de intelectuales. Así, su tío fue un renombrado poeta trujillano; su padre, un reconocido periodista que tenía la chispa incansable del buen humor, y que alguna vez le refirió: “En Trujillo yo era el señor Torres Ortega, pero aquí sólo soy el papá de Tatta”.

Es difícil imaginar los motivos por los cuales una mujer tan bella físicamente como Tatta haya decidido quedarse soltera, asumiendo una decisión trascendental que pinta de cuerpo entero su figura y su carácter. Pero esa posición no aparta el hecho de que ella se haya enamorado, tal vez perdidamente, como se enamora una escritora con la lozanía y la entrega de una mujer sincera. Hablar de los amores de Tatta, como la forma constituyente de su yo, mas no como ejecución del morbo, puede contener una maravillosa forma de acercarse a su interior y conocerla como ser humano, como un individuo que se ha planteado un camino y debe seguirlo con una moral insoslayable.

Quizá el amor ya lejano se ha quedado en aquel rubio motociclista trujillano, que con sus ojos azules y su postura rebelde, enamoró a la escritora, que en su estado de ilusión se creó un bello sueño del cual tuvo que despertar. Sin embargo, hablar de los pretendientes de Tatta sería una investigación aparte, pretendientes que fueron amagados con la elegancia oportuna de una dama o fueron ignorados por sus insistencias aburridas o sus retóricas humildes.

Tatta, una ejecutiva bancaria de los tiempos de la abundancia, recibió los regalos más costosos que tenían impregnados el ruego para una respuesta positiva, pero que fueron rechazados uno a uno para que la ilusión no se abultara en las mentes de los hombres de buen gusto pero de mala suerte.

No obstante, Tatta ya había tomado como suya aquella libertad romántica que poseen las vidas independientes; no había un sitio para el hombre ideal, tal vez por no aceptar la idea de una vida esclavizada en una casa o al cuidado de los hijos que dan el amor pero también la preocupación y el agotamiento que envejece. Nadie sabe con exactitud lo que el corazón de Tatta siente al respecto, sólo ahora trata de ayudar —como ha ayudado siempre dentro de sus posibilidades— a muchos niños que han esperado de ella un amoroso regalo.

De los obsequios que ha brindado trata de no hablar, con la excepción de aquella vez que donó toda su biblioteca a un humilde colegio, por el pedido de un director que después de un tiempo la volvió a llamar para rogarle que haga otra donación de libros porque se habían extraviado todos sospechosamente. Luego se supo dónde habían terminado esos libros que por desgracia no se recuperaron jamás.

Yo he visto a Tatta sacar de su cartera algún producto intacto y regalarlo a alguna madre vendedora o a una repartidora de diarios. Yo he visto a Tatta regalar un consejo a través de un mensaje de texto o de un texto en el muro de Facebook. La he visto obsequiar sonrisas entre personas tristes y llorar por las desgracias que consumen la vida humana. La he visto regalar halagos sin ninguna mezquindad a sus condiscípulos y a la juventud que nace prematuramente. La he visto repartir el abrazo fraterno a amigas que nunca esperaron menos de la escritora. La he visto repartir helados a los cuidadores de las colas de los supermercados. La he visto proteger y pedir protección. La he visto vivir en la generosidad.

Su estancia en Palermo, la zona más exclusiva de la capital de Argentina, la nutrió para escribir su conocido cuento “Buenos Aires sin ti”, el cual es una muestra de la fluida psicología femenina que, en el caso de la protagonista del relato, se dibuja como imperiosa y nostálgica. La cultura bonaerense la impactó desde que su empleada doméstica, en una fecha histórica, vestida con un abrigo de pieles elegantísimo, se apareció emocionada gritando que el Muro de Berlín había caído y que la libertad ya era una realidad para los pueblos del mundo. Ese hecho inicial, gratamente sorprendente, fue el comienzo de una relación especial con la Capital de la Cultura en Latinoamérica, como es considerada hasta ahora la ciudad de Buenos Aires, relación que no ha cambiado en el corazón de la escritora a pesar de su lejanía física, sino más bien prevalece por la constante comunicación con sus amigos argentinos, que caminaron con ella en esa tierra de gloriosa historia e impactante literatura.

El lado más penoso de su vida se encuentra en la enfermedad irreversible y macabra que padece. Ella todavía tiene presente aquella vez cuando —sentada en una banca pública— quiso ponerse de pie y no pudo. Desde ese día la vida empezó a sonreírle menos. Su libertad supeditada a su voluntad fue cambiando el rumbo. Ahora las largas caminatas y el antojo natural por un paseo o una fiesta fueron quedando atrás; pues sólo le quedaba ir con cuidado, generalmente acompañada, entre las calles que alguna vez la vieron correr, entre las arenas del mar en las que se tendió a tomar sol, entre el parque ilustre y el restaurante de moda, entre un cigarrillo y una charla amena. Todo ese mundo cerró sus puertas para no abrirlas más, para instalar lo ido en la memoria como un sueño inoportuno pero existente; de esta manera, Tatta llegó a un extremo vivencial: quedar postrada en una silla de ruedas.

La silla de la escritora ha sido tomada en relatos tan amenos como filosóficos, como aquel del escritor Eduardo González Viaña, cuando le daba una vida paralela y trascendente a ese asiento movible en la tierra y el cielo. Ante estas nuevas luces referenciales, Tatta empezó a amar su silla como aquel instrumento de apoyo necesario para continuar con su vida; instrumento que pide su compañía también y que espera ser útil siempre con la fidelidad de una preciosa materia inanimada.

Y en esa silla amada, ha paseado por los lugares que ella nunca pensó, sumando condecoraciones, homenajes y premios que trata de evitar, jamás por soberbia, sino porque cree en su fuero interno algo no menos irónico, pero llegado de la hija del señor Torres Ortega es perfecto cuando lo dice: “De tantos premios que me dan voy a empezar a creer que estoy a punto de morir”.

La Antigua Escuela de Periodismo "Carlos Uceda Meza" de Trujillo, su Alma Mater, le otorgó la Medalla Periodista José Faustino Sánchez Carrión en el Congreso de la República; asimismo, el Gobierno Regional de La Libertad, la Universidad Señor de Sipán e innumerables instituciones, empresas, agrupaciones, clubes, etc. han mostrado el cariño y el justo reconocimiento a su labor periodística y vivencial.

Tatta lleva tras de sí una historia condensada en poesía, porque el acto de brindarse al mundo con firmeza, defendiendo “su pequeño lugar en el mundo”, su lágrima de alegría y de pena ahora y siempre, su cultivo pasional por el arte que representa para ella el universo y el orden por el cual camina Dios; es el viaje que vale la pena ser vivido, aquel boleto que se compró sin tratamientos ni reclamos, aquella puerta por la que sólo entran los valientes, como Tatta: la gloria.

"Tatta ya es un ángel" - Por: César Boyd Brenis - Diario La Industria (02/02/17)

¿Qué sentirás, amiga, en ese Más Allá que en ocasiones mencionabas? ¿Se sentirá como en un instante paralizado infinitamente en una sonrisa? ¿Tal vez como cuando te embelesabas sin descanso, a pesar de todo, escribiendo tus mensajes de vida, tan comentados y aplaudidos? ¿Se sentirá como un eterno abrazo de todos tus amigos que mencionabas con bello recelo porque te querían demasiado? ¿Qué se sentirá, amiga? Ya no podrás contestarme, Tatta Torres.

Esas preguntas son inevitables en un mundo finito, con personas que dejan de serlo, con cuerpos que se acaban, con historias que no merecen un punto final pero que igual terminan. El primer día del Mes del Amor nos deja una amante de las letras como pocas. La sorpresa de todos los que nos quedamos nos ha invadido. Apenas hace más de una semana hablé con Tatta, porque ella ya estaba preparando la última edición de su revista “Ahora y siempre”, un espacio cultural que cada tres meses traía expectativas en el público local, y que ya llevaba heroicamente diecisiete años de circulación.

Partió cerca de la una de la mañana, en una madrugada con olor a lluvia y humedad. Partió antes de clarear el día, tal vez pensando en los que quedaban, tal vez viendo a su padre que la llamaba con la voz cariñosa y amena de sus mejores tiempos, para así calmar esa terrible condena que la tenía postrada en una silla de ruedas: la miastenia gravis.

Su vida estuvo rodeada de premios y condecoraciones. La Antigua Escuela de Periodismo "Carlos Uceda Meza" de Trujillo, su Alma Mater, le otorgó la Medalla Periodista José Faustino Sánchez Carrión en el Congreso de la República; asimismo, el Gobierno Regional de La Libertad, la Universidad Señor de Sipán e innumerables instituciones, empresas, agrupaciones, clubes, etc. han mostrado el cariño y el justo reconocimiento a su labor periodística y vivencial.

Tuve el alto honor de representar a Tatta en la condecoración que una universidad local le otorgó hace algunos años. Ella, lamentablemente, no pudo trasladarse al auditorio de esa casa de estudios y me envió como su mensajero. Fue una grata experiencia por la solemnidad y trascendencia del evento, dado el poco interés que la universidad en general brinda a sus artistas y gestores culturales.  

Una persona que apostó su tiempo y su dinero para perennizar una revista cultural, solamente con el ánimo de hacerle un bien a la comunidad, no es decir poco. Tatta daba sus escasas energías que le quedaban para editar, revisar, diagramar, enviar, las más de veinte páginas de “Ahora y siempre” con el afán romántico y arriesgado de vivir de ello, es decir, vivir de la cultura, que es algo absolutamente increíble e irreal.

Tatta se ha ido y su ejemplo quedará en la memoria de los lambayecanos. Se ha ido a reunirse con su gran amigo Nicanor de la Fuente, de quien valoraba sus más bellos consejos; con Alfredo José Delgado Bravo quien le hizo tantos sonetos que alguna vez me enseñó sonrojada; con su padre, de quien recordaba aquella anécdota tan chispeante y entretenida, cuando este le dijo: “Yo en Trujillo era el señor Torres Ortega, pero aquí en Chiclayo solamente soy el papá de Tatta”; ahí se va Carmen “Tatta” Torres Tello, con las personas que le pertenecen, porque ya es un ángel.

domingo, 29 de enero de 2017

"Predicción de lluvias" - Por: César Boyd Brenis - Diario La Industria (28/01/17)

La predicción es un principio positivista que, al menos en el campo de las Letras, ha sido olvidado por tildarlo de decimonónico y alejado de los principios posmodernos de destrucción o separación de las cosas, negando la causalidad como uno de los ejes que guía un análisis científico.

Por los meses de noviembre y diciembre, leí en las redes sociales a varios ingenieros expertos que PREDECÍAN una sequía para este verano. Tuve la osadía de preguntarles acerca de si dicha falta de lluvias afectaría también a los valles de Motupe y alrededores. Me afirmaron que sí, que iba a ser duro.

De más está decir que nada de eso ha sucedido. Las lluvias se han desatado en el Perú trayendo huaicos, destrucción, ríos desbordados o con peligro de hacerlo, poblaciones inundadas, más de seis mil afectados e incluso una vertiente en Ica que, hace cincuenta años no veía el agua, ha revivido milagrosamente como el ave fénix para imponer su fuerza natural.  

¿Recuerdan el año antepasado (2015)? Los ingenieros expertos habían predicho que llegaría contundente, como siempre cuando ha venido, un fenómeno El Niño que arrasaría con todo a su paso si es que no se prevenía. Entonces los estudiantes de todos los colegios debieron abandonar las aulas en noviembre pues podrían verse afectados por tan apocalíptica predicción. Para evitar los riesgos, el gobierno desembolsó una interesante cantidad de dinero cuyo fin fue asegurar cada canal, río o riachuelo que pudiera ser una amenaza contra las poblaciones vulnerables.

Pero ¡oh sorpresa! El Niño malcriado se negó a venir pero, aun así, decían los expertos, el dinero sirvió para mejorar algo de las infraestructuras dañadas por los años. ¿Sirvió? Ya lejos de ese panorama, nos encontramos ahora con unas desgarradoras escenas que dan crédito a que la supuesta sequía de este año solamente ha sido un engaño más de un antiguo dios griego, caprichoso y juguetón.

¿La ciencia de la Meteorología se ha convertido en un Oráculo? Recordemos que el “oráculo” es la respuesta que da una deidad por medio de los sacerdotes de su orden, es decir, por los ingenieros expertos. Los pobladores comunes y corrientes, como yo, nos preguntamos por qué existe tanto error a la hora de afirmar ciertos acontecimientos en torno al estado del tiempo, el medio atmosférico, los fenómenos producidos y las leyes que lo rigen.

¿Qué pasa con esta ciencia? ¿Falta de tecnología avanzada? ¿Pocas capacitaciones de los expertos para estar a la vanguardia de los conocimientos del mundo? ¿Sirve para algo dar siempre las conclusiones de PREVENCIÓN para esto o para lo contrario cuando esas palabras las pueden decir hasta los chamanes de La India que en el cosmos ven visiones espectaculares? ¿O acaso las ciencias meteorológicas ya cayeron en el mismo hoyo de las Letras, es decir, hacen rituales espiritistas para decir lo que se siente frente a un fenómeno de la realidad de su campo de acción? ¿O acaso el clima ya es una metáfora (“un texto”, como dicen los necios) que se tiene que resolver filológicamente?

lunes, 23 de enero de 2017

"Con olor a periodismo y literatura" - Por: César Boyd Brenis - Diario La Industria (22-01-17)

Sonando las campanadas de las ocho, llegadas desde la Catedral de Chiclayo que frente al auditorio se levantaba íntegra, comenzó con exactitud inglesa la presentación del libro “Con olor a papel y tinta” de Larcery Díaz Suárez. El evento del mes abría sus puertas.

Todos los días no tenemos el privilegio de apreciar auditorios abarrotados, en donde ya comenzada la ceremonia, tenían que seguir cargando las sillas para las personas que no terminaban de llegar, agitadas y calurosas, a este recinto del Club Unión; por ello, sentía que ingresaba a una rotunda misa de Acción de Gracias.

Cuando me asomé, ya se divisaban personalidades del quehacer cultural de la región. Tres filas delante de mí, se apreciaba al decano de la facultad en donde estudié (FACHSE), Néstor Tenorio, acompañado de su elegantísima esposa, una dama pelirroja que le hablaba al oído por breves momentos. Más adelante, se notaba la cabeza brillante de Raúl Ramírez Soto, cabeza que ya tal vez había improvisado una décima. La poeta Matilde Granados, quien me brindó a lo lejos una sonrisa y un saludo con la mano, también se daba cita en nombre de la amistad que le profesa al autor. El escritor Rully Falla llegó acompañado de Nicolás Hidrogo; y sorpresivamente y muy aplaudido llegó el hijo de Nixa, don Nicanor de la Fuente Silva.

Minutos antes de que comience el evento, me acerqué para presentarme. Era la primera vez que al señor Larcery le estrechaba la mano. Su serenidad y sencillez me dieron buena impresión. “Ya te llegará tu libro; regalaremos toda la edición”, esas fueron sus palabras ante mi curiosidad de saber cómo conseguiría un ejemplar. Me dejó; pues un canal de televisión ya tenía la cámara prendida para comenzar una entrevista. Mientras el tímido joven le hacía las preguntas de rigor, preguntas que se les hacen a todos los escritores del mundo cuando aún no han leído sus libros, las fotografías llovían alrededor de la luz del reflector que iluminaba las respuestas.
 
Sentados a la mesa de honor estaba el autor, la señora Cecilia Cabrejos y el representante de los hijos de Larcery, el señor L. Díaz Barrantes. Los valses “A ti Chiclayo” y “Zenobia” abrieron la noche desde la mano prodigiosa de los maestros de la peña Amistad Norteña de Ciudad Eten, siendo uno de ellos, suegro del anfitrión. Con ese ambiente chiclayanísimo, la abogada Cecilia Cabrejos dio sus primeras palabras de amistad y respeto ante la nueva obra de su gran amigo. Posteriormente, se dio lectura al prólogo, realizado por la periodista Jesús León Ángeles, esposa del homenajeado. En esas sentidas palabras nos pudimos enterar un poco más de la vida de Larcery Díaz.

Nacido en la tórrida Sullana, arribó a Chiclayo a los cinco años para quedarse a hacer historia. Periodista, poeta, cuentista, abogado, profesor, cronista, premiado en nueve oportunidades por su labor periodística y en tres por su actividad literaria, Larcery se convierte en un referente importante para las letras lambayecanas. Con esta voluminosa obra de casi cuatrocientas páginas, el autor nos comparte sus crónicas y cuentos realizados a lo largo de los años. Su obra constituye también un homenaje a los periodistas que hicieron de esta loable labor un estilo de vida y pusieron una valla muy alta para todo aquel que pretenda incursionar en esa actividad.

El libro también comprende una galería variada de fotografías con personalidades de todos los ámbitos. Se puede apreciar a Larcery con el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa; además, con Javier Pérez de Cuéllar, Alan García, Morales Bermúdez, y personalidades nacionales del periodismo, la iglesia, el arte, la literatura, el folclore, la política, entre otras variadas ramas de la cultura.

Casi a mitad de la ceremonia, las palabras del autor fueron una muestra de su sensibilidad inquebrantable. Durante años buscó un auspicio para la publicación de su obra y le cerraron todas las puertas, hasta que, como él dice, “llegó el ángel que me envió la virgen de Guadalupe”. Larcery se refería a Cecilia Cabrejos, quien a través de las muchas instituciones que ella precede en México y Perú, pudo darle la oportunidad para que “Con olor a papel y tinta” vea la luz, y por si fuera poco, también para que el libro sea repartido gratuitamente a todo aquel que quiera acercarse a la producción de Díaz Suárez.  

Su discurso también hizo remembranza al casi medio siglo que él tiene en la labor periodística y del respeto a todos los entrevistados que han pasado por sus micrófonos y grabadoras. Una actitud muy particular al ver que existen hombres de prensa cuya consideración y respeto al entrevistado es casi nulo, sobretodo en un contexto político, asumiendo la frase popular: “¿Se merece respeto un corrupto?”. Pero Larcery lleva sus principios, para bien o para mal, al máximo nivel.

“Siempre he querido que mis escritos lleguen a las masas”, dijo el autor, engrandeciendo su responsabilidad social y criticando a los periodistas que hablan “en difícil”, para que no los entienda la gente. Citó a Gabriel García Márquez a propósito de la ética en el periodismo, considerando que el Nobel colombiano estuvo muchos años trabajando en ello, y tenía como máxima “La ética es la calidad”.

Larcery es el que cree que el lenguaje bien expresado en los medios escritos puede superar a la imagen televisiva; esa actitud romántica me hizo estremecer y me llevó a pensar en la poca fortuna que han tenido los diarios en las últimas décadas a partir de la televisión y, posteriormente, la Internet. Pero de esto último tampoco está distante, pues Díaz Suárez tiene un espacio en una conocida página web. Él es de las personas que se han ido adecuando al paso del tiempo y a las nuevas tecnologías.

El brindis de honor fue hecho por su hijo. Él recordaba que desde niño lo veía a su padre en un rincón de su biblioteca, pegado a la máquina de escribir, y así fue creciendo, escuchando sus historias, pegado a los libros que lo hacían mejor. Entonces después de libar el pisco sour, para no olvidar que estábamos en Chiclayo, la peña Amistad Norteña nos conmovía con la marinera “El huaquero”, y todos empezamos a entonar “cova, cova, cova al amanecer; cova, cova, cova al anochecer”; y en la ciudad anochecía más, para covar (excavar) una amistad con un nuevo libro.

martes, 3 de enero de 2017

"El ojo indubitable" - Por: Ernesto Facho Rojas - Diario La Industria (01/01/17)

 Cuando conocí a César Boyd, me encontraba observando los últimos minutos de un recital poético. Yo tenía 18 años y en ese momento, quien dirigía la velada llamó a un joven talento con cierto aire de reverencia, mencionando que se trataba del líder de Signos, agrupación literaria que yo había rastreado en mi inquietud juvenil para preguntarles qué es la poesía. Cuando lo invitaron a la mesa de honor, él apareció al final del salón. Vestía una chompa beige y tenía puesta una bufanda guinda oscuro cruzada en el cuello. Se le veía delgado y el aire intelectual, esa aureola de poeta me quedó muy clara; por ello, decidí abordarlo.

 Se presentó muy amable. Ese año había muerto Luciano Pavarotti y trataba de explicarle que había escrito un poema de pie quebrado con tercetos alejandrinos para dicho artista y él me respondió: “Has sido muy técnico para expresarte, amigo”.

Nueve años después, casi por esas mismas fechas y salteándome varios días y experiencias, recibo la noticia de que, aquel personaje halagado aquella lejana noche de noviembre, ha publicado su último libro “El ojo indubitable”.  Lo reviso, lo hojeo y me doy cuenta de que es un trabajo de gran trascendencia, puesto que aquí se concentra lo mejor de todos sus asaltos poéticos.


 El poemario es un suculento monstruo que ha logrado digerir a títulos como “Heterónimos frente al espejo”, “Persistencia del alarido”, “La misa del yo insaciable” y “Dos mil doce y otros poemas terminales”, en ese orden.

El libro empieza con una figura que se diferencia del resto, por ser más rica en imágenes. Me atrevo a decir que es la creación más joven de la muestra, no por el tiempo en que se escribió, sino porque allí se evocan aún las alucinaciones de los amores juveniles, sometidos a la honda reflexión del poeta, a quien considero un artista sumamente cuidadoso con los detalles en la expresión de sus ideas. El protagonista de este poema- relato- reflexión es Romeo y allí se pueden leer las siguientes frases: “Lo artificial perdura nítidamente”, “alteración del ser”, “falsos monstruos”, “diluyendo espectros” “confusión con los ojos” “trastorno contenido de un bostezo”, lo cual nos da una clarísima noción de que se trata de un ensueño, un ensueño que cubre como una aparición a todas las líneas del poema. Ni Romeo ni Julieta ni el amor son reales, porque todo es producto de la fantasmagoría. Y, a pesar de tratarse del género lírico, el final de aquel “relato” me parece magistral y para colgar en la Casa de la Literatura:
La estridencia, el desplomo de la madrugada, lo nebuloso
confunden que frente a la mesa casi vacía
está Julieta, hermosa, no debilitada,
articulando: ya vamos, ya vamos
con una actitud de amor que Romeo suele extrañar
cuando amanece.

Se insiste hasta el final en lo nebuloso, lo abstracto, lo cual manifiesta la ilusión que se va disolviendo con la luz de día. ¿Un sueño? “Ya vamos, ya vamos” dice ella con un toque tan femenino y uno se la puede imaginar jalando del brazo a Romeo, en el ambiente descrito en el texto.
También me parece oportuno mencionar otras frases como “Sus palabras se han encendido con la lámpara”. El verbo es luz, amanecer. Posiblemente el poeta se proyecta sobre el personaje de aquel fragmento, porque para un bardo las palabras son las portadoras del conocimiento y la verdad, así como la fuerza que mueve todo el mecanismo abstracto de la literatura, el carbón y la chispa de ese arte. Incluso nos dice: “Romeo ha vuelto al bar”.

En el apartado de “Persistencia del alarido” hay un poema del mismo nombre donde nos dice:
Me ha costado volver a las palabras
como me lo han predicho los oráculos:
acertaron
cuando mis dominios iban pereciendo
y vulneraban mis cultivos.

Se establece pues, un paralelo entre la noción de “cultivos” y “poesía”. El poeta es un labrador de la palabra, que trabaja y se esfuerza tanto como un campesino. Sin embargo allí nos habla de los “oráculos”. Y escribe “Me condicionaron la parálisis/ en un lugar de intolerancia”. Y agrega “la incoherencia de coincidir con la vida”. Ahora explico: Puede aludirse que el oráculo le predijo “coincidir con la vida”, la existencia común y corriente de un hombre con obligaciones, lo cual lo devuelve a “un lugar de intolerancia”. Sucede que los artistas muchas veces vivimos mejor en un ambiente donde se puede reflexionar, leer, escribir. Se necesita tiempo para dedicarse a la literatura. Pero cuando no hay espacio ni aliento y las obligaciones nos absorben, pues, ¡cómo cuesta volver a las palabras! Allí se manifiesta la parálisis creativa.

En el poema “Poesía” nos dice: “Eres más ajena que las palabras complejas”, en un monólogo dirigido a la misma poesía. Entonces entendemos, después de leer todo el texto, que el poeta no es el dueño de esta fuerza, sino una simple antena, al modo platónico, que se encarga de trasmitir la señal del universo a través de las palabras: “Eres más ajena/ que los alientos de otras respiraciones”, insiste César.
Pero mi libro favorito es… ¡”La misa del yo insaciable”! Desde el título, nos sugiere una idea de lo profano que me encanta, pues, personalmente pienso que el Catolicismo es más artificial que la noche de Romeo narrada en el poema de Boyd. Lo insaciable son los excesos, tal vez los instintos. Además, este apartado de “El ojo indubitable” tiene un lenguaje muy sencillo. Y creo que el comentario de este título va a terminar tragándose a las apreciaciones del libro entero.
Este segmento comprende ocho poemas. Y estos breves y concentrados textos poseen un aliento a vida y de vida que puede percibirse en otros autores contemporáneos, pero que no cae en el prosaísmo de una crónica, sino, arremete con sentencias contundentes. Aquí observamos al Boyd viejo, con sus veredictos poéticos pues, “La misa del yo insaciable”, es su libro en carne viva, valioso tanto para el lector común y corriente, como para el cultísimo vate fabricado en los laboratorios de las tertulias y los cafés artísticos.
Quiero citar uno de sus poemas:

Memoria de un cuento

Yo he tendido a la cosificación de las personas.
Y he tendido
a la personificación de las cosas.
Los motivos fueron simples:
muchos viejos trajes que estimaba a muerte,
muchos enemigos que fueron mi familia (…)

A través de este retruécano impecable, nos muestra cierto aspecto decadente de la sociedad, donde el ser humano busca el “ser” a través del “tener”. La prioridad de los bienes materiales, la deshumanización de los sentimientos hacia las mismas personas, todo eso, paradójicamente, muy humano y común en estos tiempos. Por ello, estos son los poemas que aterrizan, lejos de metáforas y estridencias metafísicas, en el sentir de un hombre que se ha hecho padre. Aparece, pues, la figura del hijo para inocular una sangre nueva en el cerebro del yo poético, donde se abre un espacio para otra dimensión más humana de su verbo:

Hijo mío,
tienes casi un año.
Yo a tu edad rompía libros de Cervantes.

Incluso las travesuras del vate están relacionadas con la literatura. El poeta se proyecta sobre su hijo y le habla orientándolo, fijándose en la etapa del pequeño:

Tú rompe lo que te plazca.
Pero necesítame
para romper las hierbas del camino.

Y es que escribir poemas sencillos es uno de los oficios más difíciles. Una mujer bella no necesita de muchos accesorios. De la misma forma, si el contenido posee fuerza por sí mismo no necesita de adminículos, aretes o sortijas que deban impresionar con un boato retórico y filudo. La sencillez, por ello, es la cúpula de los espíritus antiguos y la forma de manifestar el mundo interno de los artistas veteranos. 

Y así como no creo en religiones de templos carísimos, paradójicamente con intenciones caritativas, no creo en el arte de las fórmulas químicas, de frases hechas. Y yendo al otro extremo, tampoco en el afán de la nueva poesía, similar a los artículos periodísticos, a las narraciones simples y antiestéticas.

Finalmente, en medio de este ambiente insincero, aparece “El ojo indubitable”. Termino de leerlo y pienso en César Boyd, en los temas que tratamos esa noche, en la poesía y en que el señor que dirigía el recital fue un buen oráculo que bien pudo haber hecho una predicción sobre la maestría  de su último libro.
He aquí el arte con los ojos abiertos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

"La nueva Teoría de la Literatura" - Por: César Boyd Brenis - Revista "Ahora y Siempre" - Edición 51 (Diciembre 2016 a Marzo 2017)

El MOOC es una modalidad de enseñanza, abierta, gratuita y masiva, dada desde la Universidad de Vigo (España), para todos aquellos que tengan una inquietud en los estudios relacionados a las letras, específicamente a la literatura. Es una plataforma absolutamente útil para los estudiantes que no quieran seguir siendo direccionados por las teorías literarias posmodernas, que incurren en amputaciones de los materiales literarios, según les ha convenido a lo largo de las décadas. 

El profesor Jesús G. Maestro es el encargado de dictar este curso —y virtualmente, dos más— cuyos videos desde el año pasado vienen siendo subidos al YouTube desde su plataforma personal de la Universidad de Vigo. El mencionado docente, entre otros estudios, tiene un doctorado en la Universidad de Oviedo, es artífice del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, que consta en su obra titulada “Crítica de la razón literaria” (diez volúmenes publicados entre 2004 y 2015). Además ha desarrollado su labor docente e investigativa en universidades de Bélgica, Francia, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Polonia, Italia, entre otros países; y todo ello, como afirman sus editores, sin endogamia (segunda acepción de “endogamia” según el DRAE: “selección de profesionales entre los que les son muy cercanos, de manera que no se permite la entrada de personas ajenas”).

Desde el video introductorio, el profesor plantea cuál es la originalidad de este curso, es decir, por qué es una asignatura diferente de las demás. Es que, en realidad, lo que aquí se plantea no es la repetición de todas las teorías literarias que el siglo XX nos ha traído, sino es la reinterpretación desde esta nueva teoría (el Materialismo Filosófico) de todo el aparato teórico que, imposible de concatenarse, ha colocado a la ciencia literaria en un estado de misticismo y, mejor dicho, de retórica vacía.

El curso consta de quince videos de más de una hora. Se tiene la ventaja de poder acceder a ellos las veces que se desee y, por si fuera poco, plantear preguntas al profesor desde la misma fuente de YouTube o a través de su correo electrónico que muestra en su página web. Con ello, el trato al estudiante se vuelve fluido y, por experiencia propia, más satisfactorio pues los mensajes se contestan con rapidez y de manera clara y sencilla.

Por su parte, el Materialismo Filosófico es una teoría que plantea una nueva forma de conocer la realidad. Fue planteado por el filósofo español Gustavo Bueno, lamentablemente muerto este mes de agosto de 2016, y profundizado poco a poco a través de las décadas, con cinco postulados fundamentales. A saber son el racionalismo, la crítica, la ciencia, la dialéctica y la symploqué. Esta teoría tiene una gran complejidad pero, poco a poco, se va clarificando cuando se mantiene atención al desarrollo del curso y a la lectura de los libros virtuales puestos en la plataforma web.

Comúnmente, se confunde el Materialismo Filosófico con el Materialismo Dialéctico o con el Materialismo Histórico. Sin embargo, la potencia del primero hace que los demás materialismos —y ni qué decir de los idealismos— queden sumergidos en sus coordenadas, dándoles una explicación crítica desde sus postulados. Por otro lado, el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura toma como materiales literarios al autor, al texto, al lector y al intérprete o transductor. A partir de estos cuatro elementos, la teoría del profesor Jesús G. Maestro se abre camino, reinterpretando y superando las propuestas que nos habían traído la hermenéutica, el estructuralismo, la semiótica, entre otras.

Lejos de las definiciones psicologistas del siglo pasado, esta nueva propuesta concibe a la literatura como una construcción humana y racional, construida operatoriamente por los seres humanos; por ello exige una interpretación también en términos racionales. Como afirma el profesor Jesús G. Maestro: “La literatura se abre camino hacia la libertad a través del enfrentamiento dialéctico con el entorno y utiliza signos lingüísticos a los que les confiere un valor estético y les otorga un estatuto ficcional; además, la literatura se desarrolla en sociedades políticas y solo puede explicarse en lo que el ser humano puede comprobar materialmente, sino la ficción literaria no sería legible”.


La minuciosidad de cada clase se desarrolla, como ya se explicó, en quince videos; sin embargo, son cuarenta y tres videos en general los que plantean y complementan (incluyendo las respuestas a las preguntas más importantes) esta Teoría de la Literatura. En general, solo se necesita disposición y una voluntad de hierro para inscribirse en este curso, del cual se sacará un gran provecho y se podrá acceder a una teoría contemporánea y absolutamente actualizada.

domingo, 27 de noviembre de 2016

"Moshoqueque: La selva de alimentos" - Por: César Boyd Brenis - Diario La Industria (27/11/16)


Una madre de familia se había tardado para llegar a la reunión que hubimos acordado un día antes, de esto ya hace un año. Apurada y un poco avergonzada, me dijo: “Disculpe, profesor, se estaba decidiendo mi ubicación en el trabajo, y felizmente no me dieron el centro de Chiclayo”. Suponía yo que en la entidad bancaria donde ella laboraba, el Cercado de la ciudad estaba lleno de jefes malvados y compañeros hipócritas, pero al preguntarle por su negativa, me respondió: “Es que en Moshoqueque está la plata”.

Hasta el año pasado, el inmenso mercado del distrito de José Leonardo Ortiz había sido ajeno a mis reflexiones y solamente se conectaba conmigo por unos recuerdos remotos cuando mi madre nos levantaba a mi hermano y a mí los domingos a las seis de la mañana para incursionar en ese monstruo que tenía la fama de lo barato y lo abundante.  

Ha sido en este año que las fauces del monstruo me han sido tan familiares que hasta siento cierta curiosidad por la acción de ser tragado y devuelto día a día como un bocado fácil. Con la diferencia de los años a expensas del seno materno, ahora el horario de mi incursión varía por el antojo o la decisión gravitante de Janet: las ocho, las nueve, las diez de la mañana. Diariamente se pone en movimiento nuestras piernas hacia lo ya no tan desconocido, siguiendo el sendero de algún basural al lado de un colegio, la esquina de una maderería, el quiosco de un parque donde siempre un mendigo descalzo duerme al lado de un saco de contenido dudoso, hasta que se divisa nuestra puerta de entrada: la intersección de las avenidas Dorado y Kennedy.

Siempre la consigna es ir a pie desde casa, con la finalidad de pensar los atajos y quiebres que le daremos a nuestro recorrido en los cuatro grandes sectores en los que se divide el mercado más grande de la región, aquel lugar donde hace décadas un conjunto de serranos quisieron colonizar y lo lograron sin un solo disparo, solamente con las armas del trabajo y la desesperación por ganarse un lugar en esta costa desconocida. Se asentaron en la Huaca Moshoqueque, la desaparecieron y en ella plantaron un mercado inmenso cuya bulliciosa superficie hace temblar aún a los entierros más arcaicos.

A las ocho o nueve de la mañana, los desayunos tienen la particularidad de no ser desayunos. Por todos lados, se atraviesan platos repletos de arroz, ensalada, una presa de casi la mitad del plato, que hace pensar en un almuerzo fuera de horario en todo un mercado que ha perdido la noción de una costumbre común. “¿Es su almuerzo?”, le pregunté ingenuamente a un señor que vendía gaseosas. “¡No!, el almuerzo es el doble”, me contestó sin cuota de cinismo. Entonces a muchos se les ve intercalando una amable venta con una rápida cucharada y masticación de una jugosa presa.

La amabilidad y el buen tino para ofrecer sus productos son una característica que resalta en los vendedores del mercado. Se puede escuchar tantas veces que todo está fresco y recién llegado de su lugar de extracción que, para un escéptico como yo, le resulta fascinante que las verdades se parezcan todas y las afirmaciones sean tan contundentes. Entonces el pollo, el pescado, la carne, se sienten tan frescos en las palabras de los que ofrecen que ni siquiera es necesario pensar en una posibilidad de engaño. Incluso una vez cuando se compró toyo para el ceviche, se veía tan congelado que en definitiva el peso del pescado había aumentado por el hielo, y la textura oscilaba entre arenosa y exageradamente áspera, pero el anciano señor nos afirmó, en acto onírico: “¡Fresquito, casero, lleve nomás!”.

Trasponer sus pistas sin asfaltar está más cerca del heroísmo que del simple valor. Los orificios acentuados por las lluvias de los años y por los camiones imponentes, atravesados por las callejuelas más insospechadas, esos orificios les han costado, sin duda, rotundas caídas a tantas personas que en su afán de acelerar la marcha, terminan mordiendo el polvo de esta huaca deshecha. Por otro lado están los triciclos empujados por sus conductores, llenos de frutas o pesos irreales. Estos atraviesan los corredores como máquinas en fábricas monótonas, haciendo ruidos de temblores artificiales, y cuyos pilotos no reparan en gritos rogando un favor para abrirles el espacio que atraviesan.

La mezcla dantesca de personas en los círculos mayoristas del mercado también es alimentada por las vendedoras de lotería que por solo un sol te ofrecen hasta once mil, llevando la bíblica multiplicación de los panes a un golpe del azar o la suerte, donde la esperanza del consumidor es alimentada con la ruda, una pócima de brujo blanco o el “seguro” debajo de la teta (un pomo con brebajes estrambóticos) para poder sentir la seguridad de comprar un ticket.

Pocos ladrones he visto, aunque uno sí me llamó la atención. Yo, que venía de un secuestro y de recibir una brutal paliza, me puse algo nervioso por la actitud descarada del tipo. Su aspecto era el de un drogadicto salido del infierno; su gorra tapaba los ojos rojos que buscaban desesperadamente un objetivo. Yo yacía en una esquina, con cinco bolsas en el suelo, esperando el regreso de Janet que compraba algo cerca de ahí. Este había bajado de una mototaxi roja que lo esperaba a escasos metros. Los movimientos de su cuerpo eran veloces, iba y venía en un círculo de un metro de radio. Los vendedores seguían con sus actividades sin darle importancia, hasta parecía que estaban blindados por paredes transparentes. Nadie se inmutaba. Hasta que pasados unos minutos, el delincuente subió de nuevo a la moto y se perdió (todavía más) para siempre.

Muchas autoridades han querido arreglar esta selva, pero al parecer es humanamente imposible. La potencia de su caos es tanta que se necesitaría un dictador (que nadie desea) y un mar de sangre para tumbarse el sistema y volverlo a construir. El filósofo español Gustavo Bueno decía: “Sin mercado no hay democracia”. Y, definitivamente, sin Moshoqueque no hay Chiclayo, porque los millones de soles que corren, varios de ellos muy sospechosos, hacen funcionar un aparato comercial que ni las trasnacionales de los supermercados pueden tumbar.  

Julio Cortázar mencionaba en “Rayuela” que la literatura poco o nada había tratado el silbido como materia estética. Algo parecido se puede decir del mercado. En la historia, los autores no lo han incluido en sus líneas —tal vez me olvide de alguno— porque quizá los personajes no podrían moverse en tan grande confusión de alimentos, y es preferible hasta un campo de concentración (ficticio, claro está) que un mercado en el contexto de una novela. He visto a Moshoqueque como el Catoblepas, aquel monstruo mitológico que tiene la característica de devorarse a sí mismo para fortificarse. Moshoqueque se ha engullido tanto que su existencia puede caer en una indigestión y en el vómito de sus propias entrañas.