martes, 13 de septiembre de 2011

"La cursilería perfecta de Benedetti" - POR: César Boyd Brenis - DIARIO "LA INDUSTRIA" (13 DE SETIEMBRE DE 2011)



En general, a los poetas siempre los han relacionado con el amor. Es una correspondencia tan arraigada que hasta pudiera pensar que, ciertamente, el primer escrito de cualquier poeta del mundo siempre ha sido de ese tema. Pero valgan verdades, del amor al acto cursi hay sólo un paso.

De ello hay muchos ejemplos histriónicos. Sólo basta con recordar aquel comercial de una conocida marca de bebidas gaseosas cuya frase era: “las cosas como son”, para entender esto. Ahí se revelaba las comunes muestras de cursilería que el ser humano puede llegar a hacer. Sin duda, el amor hace respirar locuras.

En la poesía latinoamericana, amor y Benedetti son casi sinónimos. Y no han sido pocos los que han tildado al poeta Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia de ser cursi. Este uruguayo, nacido el 14 de setiembre de 1920, ha proclamado al amor como la materia prima más perfecta para poetizar.

El amor, como refería él, es un elemento tan relacionado con lo cursi que es difícil desligarlo. Tanto es así que si se le separa, las palabras sonarían con esa frialdad polar que ningún verdadero poema de amor podría tener. Sin embargo, Benedetti aparta muy bien la cursilería de adolescentes con la forma estética de apropiarse del sentimiento más humano que tenemos. Eso lo hace único.

Él aplicaba una fórmula encendida en cada frase que pareciera quemar la letra. Así tenemos: “Es una lástima que no estés conmigo / cuando miro el reloj y son las cinco / y soy una manija que calcula intereses / o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas”.

En las dos primeras líneas, pareciera increpar a la cotidianidad, a la soledad y al tiempo de espera, asuntos que podrían resultar “cursis”. Pero aquí lo cotidiano de mirar la hora, junto al lamento por la ausencia, se abre espacio en esas dos metáforas perfectas que le siguen y que le imprimen el más profundo impulso poético. Eso mismo se puede apreciar en los siguientes versos: “Puedes querer el alba / cuando ames. / Puedes / venir a reclamarte como eras. / He conservado intacto tu paisaje. / Lo dejaré en tus manos / cuando éstas lleguen, como siempre, / anunciándote”.

Por otro lado, solamente a Benedetti se le hubiese ocurrido colocar al nombre de un poemario “Te quiero” (1956) y no sonar cursi. Su legión de libros de distintos géneros (cuento, drama, novela, poesía, ensayo y hasta discografía) tienen el sabor especial de un sabio amoroso, de un personaje cuya sonrisa prístina de la mañana sólo es de amor.

Mario Benedetti murió, anciano y feliz, el 17 de mayo de 2009. Y qué mejor que un verso para sentenciar su presencia perenne: “No existe un puente para cruzar el cielo”. Pero él lo cruzó y ya es un hecho, pues la música de su voz se queda en el cielo y, la de sus libros, en cada uno de nosotros.

jueves, 8 de septiembre de 2011

"Arguedas, una consigna y un hecho" - POR: César Boyd Brenis - DIARIO "LA INDUSTRIA" (8 DE SETIEMBRE DE 2011)

No es una coincidencia, pero después de cien años Arguedas y Machu Picchu nos han reconciliado un poco más con la historia y las tradiciones de nuestro suelo patrio. Es una ocasión de júbilo y anhelo. José María Arguedas ha representado loablemente una corriente en la cual nos reflejamos todas las sangres, para pensar como peruanos y en peruano.


Nacer en Andahuaylas fue un hecho cargado de azar; sin embargo, el alimento cultural con el cual se nutrió y en el que se asentó su pluma, es legítimamente un suceso conciente, ensamblado de experiencias sociales, estudio y amor por cada identidad y cada emblema que conforma la suma de todas las diversidades.


La fecha de su nacimiento coincidió con la del gran poeta Rubén Darío (18 de enero), pero en años distintos. Y nació con Ernesto Sábato el mismo 1911, como encontrándose dos luchadores sociales en una misma historia de poderes y fracasos.


Como todo seguidor del arte musical, sus estudios antropológicos acerca de los ritmos andinos lo mantienen en la cúspide de la seriedad investigativa, y lo reconocen como padre y promotor de la revaloración del arte nativo y del ande. No obstante, su labor no es muy conocida en dicha rama, pues la literatura se colocó en el eje de su accionar intelectual, y sus novelas y sus cuentos son la gran herencia que legó al país, no quitando de sus obras ese aroma a música de cada palabra realista, profunda y comprometida.


Alguna vez, Arguedas recordó en sus escritos que los años más felices de su vida se dieron al lado de dos campesinos, quienes eran sus compañeros de faenas agrícolas en la hacienda Viseca cerca a San Juan de Lucanas. Ese hecho, inyectado de una valoración absoluta por su gente, podría ser el testimonio más humano de su biografía.


Las circunstancias familiares que lo rodearon no fueron nada agradables. El destino lo dejó huérfano de madre a los dos años de edad y lo ligó con una madrastra conflictiva. Eso fue lo que lo condujo a ver a la gente del campo como los hermanos sustitutos que en el fondo eran, realmente.


Además, un hermano de sangre llamado Arístides siempre lo acompañó en sus peripecias. Así como cuando se escaparon de la casa donde su padre los había llevado a vivir junto a su madrastra y hermanastro, personas de crueldad luciferina. De esa forma, en un acto de valentía y atrevimiento, los jovencitos José María y Arístides fugaron hacia la hacienda de su tío, quien los acogió con alegría.


Todos aquellos hechos de increíble crueldad que Arguedas vivió, fueron reflejados en sus obras, pero siempre dibujados con otro rostro y con tónica literaria; ayudado por la palabra, castigó y corrigió cualquier maltrato y asimiló con valentía su lucha interna y sus traumas que no lo desligaban de su profunda herida de infancia.


Esa misma herida, ese mismo abandono y olvido, tuvo que ser subsanado por el Arguedas que libró todas las batallas y salió victorioso. Trajo consigo el amor propio que ningún hombre de esta tierra lo pueden obligar a perder, y se acaloró con el sentir andino para cabalgar en las prosas legendarias de los campos y las plantaciones.


José María cumple 100 años y no se le concedió el privilegio de reconocer dicho acontecimiento colocando al 2011 como “Año del Centenario de José María Arguedas”, y sí, según se dijo que para evitar la mención de nombres, se le puso “Año del centenario de Machu Picchu para el mundo”.


Y ante este dilema, hasta me da por pensar que ni siquiera el constructor de las ruinas, ni el arqueólogo descubridor, ni el ancestro andino del que decidió darle aquel nombre al 2011, hubiese estado de acuerdo; pero las reivindicaciones se darán tarde o temprano. Ahora es el tiempo exacto para releer a Arguedas y respirar su mismo aire en cada rincón del Perú.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Entrevista a César Boyd Brenis - POR: Gerardo Carrillo


Hace varias semanas, el periodista Gerardo Carrillo se comunicó conmigo a través de Facebook para que le concediera una entrevista. Después de publicada en www.locheros.com, nos encontramos de casualidad por una calle de Chiclayo y nos reconocimos a pesar de nunca antes habernos visto personalmente. Te agradezco, Gerardo, por la gentileza de haberme elegido y por tus palabras de presentación. Yo entiendo que una entrevista muchas veces es una fotografía del momento en que uno vive. Tal vez muchas de las respuestas cambien con los años, pero lo que no cambiará es la sinceridad al contestarlas. Aquí los dejo con esta aventura.



Poetas lambayecanos: César Boyd Brenis



¿Qué es la poesía?


No creo poder definirla, ni lejanamente. Aunque detrás de la pregunta se esconden muchos misterios, y pensar en esos misterios resulta excitante, tanto como indagación, como aprendizaje del mundo interno, como curiosidad humana; más no como condición necesaria para que exista y alcance a los seres humanos. Por lo tanto, el testimonio más próximo de Poesía se encuentra en los que la escriben, en sus obras más antiguas y más nuevas, en la relación con sus conductas creativas y sus desparpajos. En todo ello es donde uno almacena indicios de algo que está allí, simplemente. A partir de esto, podemos darnos una idea de Poesía, tal vez una idea variante y oscilante, o hasta ininteligible.


¿Quién es un poeta?


Es un ser humano normal, aunque a veces no lo parezca. Conozco a muchos poetas interesantísimos en su forma de vivir o de actuar. Pero conozco también gente increíble en su vida —y en su forma de morir lentamente— que no ha escrito ni escribirá nunca un poema. No creo que el poeta tenga ciertas maneras características de vida, en el sentido práctico de la palabra. Más bien, en el sentido onírico, muchos a veces deliramos y nos creemos grandes cantantes, grandes mafiosos o grandes poetas. Dejemos que cada uno crea su mito: es divertido. Por mi parte, ser ingeniero agrícola o ser poeta me causan la misma sensación: sólo referencias.


¿Quién eres tú?


Siempre cuando he pensado en esa pregunta —que es una interrogante ontológica y, por ende, complejísima—, caigo en contradicciones hermosas, las cuales me hacen ver tan ignorante y tan feliz. Por ejemplo, si respondo a dicha pregunta diciendo que soy un hombre, se me puede estropear la respuesta increpándome a mí mismo que la pregunta no ha sido “¿cuál es tu género-especie?”. O, por otro lado, si contesto como un creyente y digo “soy hijo de Dios”; eso también me crea una dificultad cuando me corrijo diciendo que la pregunta no ha sido “¿quién es tu Padre?” (con “P” mayúscula). Y así, con cada respuesta que se dé, siempre hay algo con lo cual uno se enfrenta. Con todo ello, creo más bien que la trampa está en la pregunta misma, pues a priori se sabe que es imposible contestarla, dado que todos los que pueden formularla —es decir, los seres humanos— tenemos mucho en común, y esas semejanzas rompen cualquier lógica del ser en sí, porque querámoslo o no, nos parecemos tanto, pero tanto, que puede resultar hasta soberbio contestarla, aunque válido como punto de partida para una conversación.


¿En qué momento del día prefieres escribir?


No hay momento preferido: cuando viene el vendaval, hay que asumirlo.


¿Cómo describirías tu poesía?


Mi poesía intenta abarcar muchas temáticas, por lo cual puedo decir que es “diversa”. Y en el sentido de su fuerza discursiva, puedo expresar con sinceridad que muchos de los poemas de mis libros no me gustan, por lo cual diría que parte de ella es “poco atractiva”. Sin embargo, otras creaciones creo que han logrado algo que yo estaba buscando: la profundidad y la sencillez.


¿Qué es lo que más sueles observar?


Los pies femeninos.


¿En qué piensas constantemente?


En cómo digo las cosas al hablar.


¿A qué le temes? ¿Le temes a la muerte?


Le temo a la gente. Y antes le temía a la forma de morir, pero ya no.


¿Crees en Dios o en alguna fuerza superior creadora?


Sí, indudablemente.


¿Crees en la resurrección, la reencarnación o en cualquier otra forma de continuar tu existencia después de esta vida?


Sí.


¿Quiénes son tus influencias?


Me imagino que te refieres a influencias literarias. Y, pues, creo que aún no se agotan, siempre vienen nuevos autores para refrescarme el pensamiento. Y, por el contrario, autores que creí de gran influencia en mí, ya no los leo con tanta devoción. Es difícil determinar las influencias, mejor eso se lo dejo a los críticos.


¿Quiénes son tus escritores y filósofos favoritos?


Me gustan los pensamientos enrevesados de Sartre y de Pessoa. También me gusta la sencillez de Saramago para contar grandes historias. En fin, me gustan Leopoldo María Panero, Derek Walcott, Charles Bukowski, entre otros. Con respecto a los filósofos, no tengo favoritos; pues desde los presocráticos hasta los postmodernistas, todos parecen una sola masa importante para la formación de las ideologías y las conductas, ayudando siempre al hombre en reponerse de su insignificancia, sin conseguirlo.


¿Y a quiénes prefieres en música, cine, pintura u otra arte?

Cada vez que escucho “Claro de luna” de Beethoven, lloro. No sé si lo prefiero a él o a Vivaldi. Pues Vivaldi y sus “Cuatro estaciones” me hacen recordar mucho a mi niñez, que es la etapa de mi vida en donde encuentro más alegría, y en donde recuerdo a mi abuelo escuchando todo el tiempo a este maestro veneciano. ¡Hermosos momentos! Por otro lado, en el cine, Spielberg es el gran maestro, pues cuando trato de discernir su lenguaje cinematográfico, me topo con cada acertijo y con cada enlace de escenas —todo tan bien hecho— que sin duda alguna uno podría estar al verlo frente a un genio total. En la pintura, me atrae mucho Van Gogh: su forma de combinar los colores y la textura de sus pinceladas es sorprendente; eso pude notarlo en una página Web destina a este genio de la pintura en donde se te facilitaba un sistema que simula una lupa, con el fin de ver hasta el mínimo detalle de su obra. Me quedé estupefacto. Y admiro mucho lo que hace Kseniya Simonova, una de las pocas representantes del llamado “arte en la arena”. Ella tiene trabajos excepcionales y emocionantes. Sin duda, el arte se abre paso día a día con nuevas manifestaciones, y eso no termina jamás.


¿A quiénes lees actualmente?


En este momento, leo temas de crítica y apreciación del arte, y a Lao-Tsé.


¿A quiénes relees?


Pessoa, Bukowski, Böll…


¿Quiénes son los mejores poetas y escritores en la historia de Lambayeque?


Lambayeque tiene más tradición de poetas que de escritores (narradores), por ello me quedaría con cinco poetas: Lora y Lora, Delgado Bravo, Nicanor de la Fuente, Ramírez Ruiz y Ernesto Zumarán.


¿Cuál es el nivel actual de la poesía local?


El arte poético en la región está intentando abrirse camino. Digamos que, los menores de 35 años, tenemos una regularidad que debe seguir su marcha, hasta alcanzar algo de luz.


¿Qué opinas sobre la actividad cultural en Lambayeque?


Es muy activa. Pero lo que falta creo que es el público. Siempre se cuenta con poco público. Y aunque ya no debe sorprender, uno anhela que la participación de las personas sea más comprometida.


¿Te identificas o coincides con las ideas de algún político o partido?


No.


¿Crees que el poeta debe permanecer en su acción creadora o participar también ante los problemas de su sociedad?


Todos los seres humanos siempre participan en los problemas de su sociedad, aunque no lo sientan de ese modo o no lo formalicen. Se participa desde que alguien reclama a Electronorte por un excesivo costo del recibo de luz, o por el alza del azúcar o por cualquier situación similar. Se participa desde que se le reclama a un taxista por aprovecharse de cobrar mucho más de lo debido. Se participa reclamando, a veces tirando huevos o tomates desde una multitud, a cualquier político por no cumplir lo prometido. Incluso, en caso extremo, se participa no participando. Como se verá, los problemas de la sociedad no sólo están en lo que uno puede escribir sino en lo que uno vive diariamente. Es desde ahí donde cualquier ser humano, incluido el artista de cualquier índole, se desarrolla y se abre paso. Claro que otro asunto es entrar a política y sistematizar una participación haciendo leyes u obras. Eso depende de cada uno, y no es nada despreciable; pues si no abría políticos, ¿quién haría ese trabajo? Siempre hay alguien a quien se le debe reclamar, y por supuesto que no nos hace ningún favor, pues se le paga por ello. En ese aspecto, el poeta tiene la libertad de accionar o no en el campo político. Sin embargo, los temas de la creación pueden ir por otro lado que no sea exclusivamente el reclamo, la pugna o la fiscalización social. Como ya lo refirió Eduardo Galeano, más vale leer una buena novela de aventuras que una pésima novela de huelgas. En fin, creo que la gran novela de huelgas aún no se ha escrito, pero puede hacerse. Y si no se hace, igual; pues las luchas sociales y vivenciales siempre continuarán. ¡A seguir nomás!




FUENTE: http://www.locheros.com/culturayocio/id/27/entrevistas-a-poetas-lambayecanos-cesar-boyd

viernes, 26 de agosto de 2011

"Crónica de una visita anunciada" - POR César Boyd Brenis - DIARIO "LA INDUSTRIA" (26 DE AGOSTO DE 2011)



Muchos poetas han buscado particularmente su unión a través del arte, con diferentes fines: compartir experiencias, sacudir demonios, despojarse de soberbias, conducir las pasiones, mostrar los frutos y revivir los mitos más hostiles y más cándidos de su figura.

Los poetas de este tiempo están tan comunicados entre sí que la experiencia estética y el arrebato pasional de la vida se confunden misteriosamente, y las redes sociales ayudan para este propósito. De esta manera, con un halo de opiniones ciberespaciales, se nota en cada mensaje de sus muros de Facebook ese esplendor híbrido de todas las fuerzas del alma.

Fue esa interconexión espiritual —y el ansia de traspasar las fronteras regionales— lo que pudo crear una noche exquisitamente literaria el viernes recién pasado —19 de agosto—. Así, se llevó a cabo un recital poético en un conocido establecimiento chiclayano, cuyo anfitrionaje estuvo a cargo del poeta Stanley Vega, y cuya unión entre ciudades hermanas se redondeó con la lectura de poesía y el fulgor de los aplausos redivivos.

Las voces foráneas participantes fueron Giuliana Llamoja (Lima, autora del libro “El amor y la vía láctea”) y Harold Alva (Piura, editor y crítico literario), los cuales hicieron desfilar su poesía con esa sutileza rítmica que los sentidos elevan. Por su parte, representando a Lambayeque estuvimos Ronald Calle y yo —miembros del Grupo Literario Signos—, quienes dispuestos a estrechar los lazos, estiramos la mano con plena conciencia de lo que la amistad de los poetas siempre debe dejar: la estirpe de la hermandad.

En el evento se impuso un solvente diálogo que reflejó aquella unión referida, y a la que llegan los poetas después de encontrarse entre sí y a sí mismos. Al respecto, Giuliana Llamoja nos leía: “Poesía / Estoy aquí / Desmantelándome / Y no he sido una cualquiera / Y tú no has sido una cualquiera por involucrarte conmigo” (poema Aquel lugar que te nombra).

Por su parte, Harold Alva complementaba la idea con una poesía citadina, pero no menos entrelazada por la coalición de espíritus: “Me enviaba señales / Halcones de neón que hacían piruetas / Alrededor de mis poemas / Y yo: detenido en mi habitáculo / Copiaba el rumor de la mañana / En algún texto que nada tenía que ver con la tristeza” (poema III del libro inédito Lima).

Y en verdad, nada tenía que ver con la tristeza aquella noche de viernes en donde Ronald Calle colaboraba leyendo: “¡Anda! Toma mi mano, / cubre tu herida / y ven, / levantemos la antorcha del hambre, / miles de hombres nos contemplan” (poema Agonía compartida).

De esa forma, en todos los casos de encuentros literarios —y en el ciberespacio—, si los poetas siguen buscando su unión a través del arte, en tan solo poco tiempo, el espíritu de esas almas libres podrá enseñar cómo se construye la sensibilidad, con la natural experiencia de compartir las voces diferentes en medio de una mesa única.

jueves, 28 de octubre de 2010

"Las designaciones a los que enseñan" - POR César Boyd Brenis - DIARIO "LA INDUSTRIA" (27 DE OCTUBRE DE 2010)

Por una razón clásica, al que transmite un conocimiento, al que forma, al que instruye, le rodea un aire misterioso y señorial. Quizá por ese motivo, nombrar o designar a este noble personaje tenga una dificultad innegable; así, hacerlo depende de la costumbre, el ánimo o hasta cuán majestuoso se le quiera ver. Para muestra, he contado seis formas de etiquetas: profesor, maestro, docente, pedagogo, educador y facilitador. Muchos de estos términos han devenido, no cabe duda, de los vocablos que las corrientes pedagógicas han sugerido. Describámoslos.

Profesor: Término bastante genérico. En casi toda Latinoamérica, este sustantivo se ha empleado tanto en el uso técnico como en el coloquial. Hace varias décadas, en las escuelas de educación se utilizaba para hacer referencia al título académico, sino recordemos lo dicho por Julio Cortázar en una entrevista de 1977, en el contexto argentino de la época: “Terminada la escuela primaria, luego hacías la escuela secundaria. Y en mi caso, yo entré en una Escuela Normal, que a los 18 años me dio un título de Maestro Normal, y luego tres años más de profesorado, que me dio un título de Profesor”. En la actualidad se ha perdido dicho sentido.

Maestro: En ocasiones, esta palabra tiene un romanticismo adherido, ya que se suele enfatizar con agudeza: “cualquiera es profesor, pero pocos son maestros”. En algunos países, caso Venezuela, se le llama así al que labora sólo en el nivel primario. Para los otros niveles es “profesor” el término utilizado. Por el contrario, en México, “maestro” se usa para generalizar a todo aquel que enseña, no importando el nivel escolar. Algunas veces en ese país centroamericano, también se le suele llamar “licenciado”. En el Perú y en otros países, la palabra posee una simbología sentimental, un ejemplo de ello es estipular un día del año especialmente para ellos, llamado el Día del Maestro. Antiguamente, “Maestro” también era un título que lo podías obtener a los 18 años al egresar de una Escuela Normal, tal como lo refirió anteriormente el autor de “Rayuela”.

Docente: A pesar que el diccionario lo toma como meramente un adjetivo (por ejemplo, “plana docente”), el uso lo ha impuesto como un sustantivo. Esta designación es altamente técnica. El sentido que también posee tiene que ver con la idea de un profesor en actividad; es decir, que un recién egresado de la facultad de educación, que aún no consigue trabajo, no puede ser un “docente”.

Pedagogo: Es aquel que está inmiscuido en las ciencias de la educación. Es decir, un pedagogo es netamente un científico. Este término tiene un sentido de realce y magnificencia académica.

Educador: De un tiempo a esta parte, este término ha ido estableciéndose tal vez con la idea de acabar con la dificultad de designación. Por un lado, tiene un sentido abarcativo, o sea se refiere sencillamente al maestro con título profesional y punto, no importando que labore o no, que se especialice o no, o que sea bueno o malo. Además, tiene una acepción técnica, y posee un sabor a solemnidad posmoderna, muy de este tiempo.

Facilitador: Esta palabra fue instituida por el constructivismo (corriente pedagógica que tiene como principio fundamental la idea de que son los estudiantes los que elaboran o construyen su propio conocimiento, donde el profesor sólo les facilita los recursos o los textos que serán asimilados subjetivamente). Casi nadie emplea esta palabra.

A pesar que hay una línea transversal que une a todos estos términos, el contexto se encarga de guiar las intenciones. Así, puedo decir: fui educado por profesores estrictos, por maestros apostólicos, por docentes humildes, por pedagogos eruditos, por educadores titulados y por facilitadores inocentes. Y también, fui educado en las calles y en las bibliotecas por amautas invisibles y divinos, y el producto fue un maestro.

jueves, 14 de octubre de 2010

“El grupo Signos y la Universidad” – POR César Boyd Brenis – DIARIO LA INDUSTRIA (14 DE OCTUBRE DE 2010)


En general, se pueden distinguir dos tipos de estudiantes universitarios. Están aquellos que realizan actividades diversas, ya sean artísticas, académicas, políticas, o la combinación de éstas, según sean las inclinaciones. Y por otro lado, están aquellos cuya inactividad tiene sólo como resultado –después de cinco años—un título, para todos cada vez más devaluado. Entre tanto, en las aulas de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, el 17 de febrero de 2006, desde los pabellones de la facultad de Ciencias Histórico-Sociales y Educación, nació un colectivo de los del primer bloque de estudiantes: el Grupo Literario “Signos”.

Me honra ser uno de sus fundadores. En aquel año, éramos cinco integrantes (Cromwell Castillo, Luis Sánchez, José Abad, Ronald Calle y yo). Sin embargo, los dos primeros partieron por motivos de aquella incompatibilidad que condena a muchos grupos al fracaso y, posteriormente, a su desaparición y olvido. Mas la tarea literaria nunca se detuvo. Recitales, publicaciones de libros grupales, de manifiestos literarios, y viajes llevando nuestra poesía a muchos lugares del Perú, eran algunas de nuestras tareas constantes.

El día 18 del mes recién pasado, en el auditorio de un conocido hotel chiclayano, hubo un relanzamiento formal del grupo, con nueve integrantes más: Ricardo Musse (Piura), Erika Madrid (Argentina), Ronal Pérez (Tarapoto), Hazzel Yen (México), Anita Ramos (Lambayeque), Wilfredo Gonzáles (Lambayeque), Gisella Limo (Lambayeque), Mario Morquencho (Lima) y Harold Castillo (Lambayeque).

La propuesta de esta nueva etapa en “Signos” puede simplificarse en la Introducción de nuestro manifiesto literario: “El lenguaje como instrumento de vida nos facilita los efectos de todo cuanto hacemos o deshacemos. Por ello es la hora de ser fulminante en todo momento. No hay tiempo para la lástima de sí mismo: Signos sueña con todos sus ojos abiertos, para que el idioma latinoamericano que nos define, se una en la misma respiración. La Literatura no salva al mundo pero puede animarlo, perseguirlo, enfrentarlo. Signos acopla la contundencia de las voces donde el español, como lengua de nuestro mundo latino, es el eje del habitar estético”.

El grupo ha entendido la importancia de aquella clásica idea de unión de nuestros países, pero con un nuevo remezón literario: “El reducto de nuestra entrega total está en esa masa que se ha constituido en Signos. Nos hemos juntado para que nuestra voz se asocie al grito, y Latinoamérica sea el espacio donde retumben los sonidos más armónicos”.

“Despiertos todo el tiempo, repudiando la tragedia de nuestros países, las dictaduras y la corrupción, la historia que siempre es de sangre como una maldición de Dios, perturbadora e injusta; así nos unimos al contrato social indisoluble, así nos ponemos de pie sobre la mesa del planeta, sintiendo que la Literatura es otro de sus pulmones, donde el género humano descansa y se deleita. Por eso cantemos a Latinoamérica en todos sus dialectos: la potencia de nuestro grito intentará alegrarla”.

En este orden, la universidad fue el comienzo. Mas el movimiento que Signos plantea está regido por esa transmisión de fuerza que trasciende a cualquier casa superior, a cualquier etnia, nacionalidad o creencia, pues ya se comienza a dimensionar la vida futura, que cubrirá el ámbito cultural definitivo. La universidad es la vida en acto firme.

No se termina de ser estudiante recibiendo un título. No se deja un círculo intelectual sólo por concluir una etapa. Si existe sinceridad y empeño, tanto uno como otro sólo terminan en la muerte. Y todo eso, en nombre de la existencia y de su sentido más franco para nosotros: la literatura.

sábado, 9 de octubre de 2010

"El pesimismo y la educación" - POR César Boyd Brenis - DIARIO "LA INDUSTRIA" (8 DE JULIO DE 2010)

En honor al 6 de julio ya pasado, Día del Maestro, quise reflexionar sobre dos temas que generalmente, dentro de una realidad de análisis, permanecen disjuntos, pues la “educación” y el “pesimismo”, y aún más las finalidades de dichas nociones, son dos extremos que no pueden y no deben juntarse ni en la acción ni en la idea, y todo esto por el bien del más débil entre ambos, como lo es, la educación.

Profundizar en el tema del pesimismo, en el cual muchos de los seres humanos se ven reflejados, y aún más, muchos de los profesores, es dar algo de luz para evitar actitudes y conductas, y sobre todo ideologías, que no hacen bien a la labor docente en acto.

El pesimismo es una reacción que cualquier ser humano puede llegar a tener en condiciones normales, y cuyo derecho a sentirlo y expresarlo podría ser totalmente legítimo. Sin embargo en la profesión de maestro, al parecer el asunto toma otro sendero, pues si el maestro cae, entonces el mundo cae con él. Y en consecuencia, se cierran las puertas y los ojos de la libertad, del análisis y del progreso, entendido este último como fortalecimiento de las finalidades de cada entidad social.

Pero no se puede olvidar que los batalladores de las aulas son seres humanos de carne y hueso, es decir, hombres y mujeres de conflictos, de decepciones, de miedos, de interioridades sensibles. Por ello los maestros también caemos en contrariedades y disgustos catastrofistas cuando vemos que el mundo nos traiciona, en pocas palabras, caemos en pesimismo ante la vida.

Ser pesimista es concretamente no encontrar ninguna salida para un problema; o es, extensamente, encontrar salidas ineficientes, ralas o inútiles, desde donde parten las concepciones casi entendibles de “patear el tablero”, de maldecir a todos los gobiernos, de reclamarle a Dios por su inercia.

En general, creo que el pesimismo en los maestros puede manifestarse en dos ramas. Una de ellas más vivencial, concreta y personal, y otra rama, más ideológica, intelectual y cultural.

La primera de ellas, se puede identificar y simplificar en la frase: “no puedo pensar en enseñar bien porque mi sueldo ni siquiera me alcanza para comer”. Aquí, el pesimismo está manifestado en la realidad de la vida de un maestro de bajos recursos, que podría ser un profesor de escuela rural (difícil y digna tarea) o alguien que tiene que viajar muchos kilómetros de distancia asumiendo su propio pasaje, y cuya fuerza para el trabajo está debilitada por el trajín. En esas condiciones, el maestro no le queda más remedio que sobrevivir con lo que el estado le ofrece, y con justa razón, quejarse.

La segunda rama es el pesimismo de tipo ideológico, en donde caen muchos maestros. Ellos ven el mundo en pleno, lo analizan, hacen cálculos estadísticos, y sacan conclusiones al estilo sartreano (recordemos que Jean-Paul Sartre fue el pesimista más grande del siglo pasado).

Estas conclusiones están sometidas a la frase: “el mundo es un desastre”. Entonces, descubren todos los males irreversibles que aquejan a la humanidad, es decir, descubren que las ventas y el consumo de drogas en el mundo van en un aumento exponencial; descubren que el ser humano tiene cada vez más enfermedades llamadas “mentales” y serios problemas genéticos; descubren que el sistema es manejado por un grupo de súper poderosos desalmados, inhumanos e invencibles; descubren que la súper población alguna vez nos hará matarnos por comida y por agua; descubren que es posible que Dios no exista (como está escrito en los autobuses londinenses) y que no habrá más justicia que la nuestra, que es la del más fuerte (absurdo descrédito).

Con toda esa masa de pesimismo, a los maestros nos toca gritar a causa de la desesperación y la angustia. Ser expectantes de la desvalorización de absolutamente todo, y junto a ello, rendirnos a los problemas cotidianos.

En estos casos, es cuando traemos nuestras antiguas ideas románticas, nos empapamos de la herencia de pensamientos que nos han dejado los escritores no realistas, encontramos en el acto de enseñar un valor absoluto, disfrutamos de las ideas de libertad, de patria y de amor, que la literatura de Bécquer o de Goethe nos ha dejado, para justo en momentos como estos, en tiempos de Apocalipsis, emerjan como lo único que nos salva en este mundo de guerras y mercado.

En el Día del maestro, recordemos lo que nos hablaba Aristóteles sobre la “Teoría del justo medio”, donde planteaba el peligro de los extremos. Por eso el sueño diurno del amor ensimismado podría ser tan terrible como ver la realidad tan radicalmente exacta para maldecirla. Aún así, quedan en el aire tantas incógnitas. Educación, ¿quo vadis?